David Hockaday dice que Antoine Semenyo estaba “perdido” cuando lo conoció por primera vez. Asegura que el delantero parecía perdido, hablaba como quien no encuentra su sitio y no tenía “ninguna confianza”. La historia que viene a continuación no es el típico relato pulido de academia y estrellato. Va de pruebas fallidas, de fútbol no profesional y de un técnico que no dejó de aparecer a primera hora.
El papel de Hockaday en el despegue de Semenyo
A las 5:00 de la madrugada de los sábados, Hockaday conducía a Semenyo desde Swindon hasta los partidos de fútbol no profesional. Además, tenía que llamar a la puerta una y otra vez para despertarlo. “Tenía que golpear la puerta varias veces a veces para que se levantara. Pero lo llevábamos allí y lo hacíamos jugar”, dijo Hockaday.
Esa paciencia dio paso a una etapa que cambió por completo la mentalidad del jugador. Hockaday aseguró que aquella primera temporada en el fútbol no profesional “le permitió creer en sí mismo” y que, después, Semenyo se medía a rivales de nivel en el suroeste que “no podían frenarlo”. Durante la pretemporada, el SGS derrotó a cinco o seis equipos profesionales y el delantero despertó el interés de varios clubes.
Había talento antes de que llegara la confianza. Hockaday lo describió como un jugador capaz de manejar el balón con ambas piernas sin pensarlo siquiera, y como un futbolista que tenía pinta de convertirse en “un espécimen en el entorno adecuado”. También fue rotundo sobre la huella que dejó en él: “Se me da bien detectar talento. A Antoine se lo he descrito a su familia como un picor del que no lograba deshacerme”.
El lado personal también pesa. Hockaday explicó que la familia de Semenyo confió en él para cuidar de su hijo y que él estaba convencido de que el delantero podía llegar a profesional antes de que el propio Semenyo volviera a creérselo. Cuando Semenyo firmó después por Bournemouth, le envió a Hockaday una botella de champán con “hambre y confianza” en la etiqueta.
De las lecciones en el fútbol no profesional a Ghana e Inglaterra
El camino de Semenyo pasó por pruebas fallidas en las academias de Arsenal, Tottenham Hotspur y Millwall antes de una prueba de ocho semanas en Crystal Palace con 15 años. Firmó su primer contrato profesional con el Bristol City en enero de 2018, con 18 años, y el salto desde aquellos tropiezos hasta la gran cita mundialista con Ghana es la parte que más llama la atención.
Su último número en el Mundial es discreto, no deslumbrante. Su actuación reciente dejó una valoración de 6,3 en 51 minutos, algo que encaja con la imagen general: aquí no se trata de vender que haya llegado como una superestrella de la noche a la mañana. Se trata de medir lo lejos que ha llegado desde aquel adolescente que Hockaday encontró primero.
Inglaterra es el siguiente rival en el horizonte mundialista, y Ghana llega a ese partido tras haber ganado 1-0 a Panamá. La historia de Semenyo ya ha hecho el trabajo duro. La gran incógnita ahora es cuánto más puede aportar cuando el escenario se haga todavía más grande.
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