Erik Ibsen asegura que su corona en el Fantasy Premier League llegó gracias a la paciencia, al valor de mercado y a confiar en su propio análisis antes que en influencers o en sus clubes favoritos. El estudiante de Medicina danés, de 23 años, acabó primero de forma global entre 11 millones de jugadores pese a no haber jugado nunca antes. Tras la primera jornada era 8 millonesº, mientras que el subcampeón ya estaba dentro del top 100.

El método del campeón

"Ser nuevo en el juego al 1.000% me ayudó a ganar", confesó Ibsen a la BBC. También explicó: "No pagué por un servicio ni escuché a influencers, utilicé todo mi propio análisis y mis propias decisiones". Esa hoja de ruta marcó toda la temporada. No construía el equipo en torno a la reputación, ni iba persiguiendo cada movimiento de moda.

La constancia fue el eje de todo. "Lo más importante es ser constante", afirmó, y su lógica en los fichajes lo respaldó. "Uno de mis mejores consejos es encontrar esos jugadores baratos que aportan valor y, al mismo tiempo, te permiten incluir a más estrellas de gran precio".

Haaland, Groß y el fichaje de valor

Erling Haaland siguió en el plan. Ibsen lo calificó de imprescindible, y el delantero noruego sigue siendo el jugador más caro de la historia del FPL, con un precio de 15,5 millones de libras. Un desembolso así es difícil de ignorar cuando intentas construir tu plantilla alrededor de una única opción fiable para la capitanía.

También señaló a Pascal Groß como el típico fichaje de valor que sostiene toda la estructura: "Pascal Gross, del Brighton, es una opción fantástica si quieres ahorrar dinero, pero al mismo tiempo contar con un gran jugador". Groß lanza penaltis, faltas y saques de esquina, y todo ello por solo 5,5 millones de libras. En una temporada en la que el Brighton ganó 3 y perdió 2 de sus últimos 5 partidos de liga, ese tipo de rol es exactamente lo que pagan los managers de FPL.

Ibsen añadió que la suerte también tuvo peso: "Por supuesto, hay que tener suerte con tus predicciones. Todo lo que tocaba se convertía en oro". La lección sigue siendo clarísima: no ganó apostando a cada giro del guion, sino respaldando su lectura, protegiendo el valor y manteniendo a Haaland en la ecuación.

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