“No dejamos de querer al Manchester United. Creamos el FC United porque lo queríamos”, soltó Nick Boom, y no hay mejor punto de partida, porque esa frase resume lo que FC United de Manchester sigue diciendo que es 21 años después de la toma de poder de la familia Glazer. El presidente hablaba mientras Adam Le Fondre trabajaba con canteranos sobre un campo de 3G junto a Broadhurst Park, el estadio de 4.900 localidades que el club ha peleado por levantar y conservar.
La protesta que se convirtió en identidad
La idea de Boom es clara: FC United sigue siendo una reacción al coste y a la distancia del fútbol moderno, pero ya no es solo eso. El dirigente aseguró que el club tiene ahora su propia identidad y un sentimiento de pertenencia en el norte de Manchester, sin perder las canciones, el humor, las tradiciones y la historia compartida de unos aficionados del Manchester United que se sintieron expulsados de Old Trafford.
Y ese discurso cala porque el mensaje del club se ha mantenido bastante firme. Boom explicó que el fútbol debería ser un lugar al que los aficionados pudieran ir con amigos y familia, de pie o sentados juntos, con comida y bebida a precios razonables y una cerveza en la grada. Añadió además que los clubes propiedad de sus seguidores cobran aún más importancia porque cada vez menos gente puede acceder al fútbol de élite de esa forma.
El balón también cuenta. FC United prepara un duelo de la cuarta eliminatoria previa de la FA Cup en Altrincham que puede reportarle 25.000 libras. El rival llega sin victorias en sus últimos 5 partidos de FA Cup, con 5 goles a favor y 5 en contra en esa serie, así que todo apunta a un choque igualado, no a una diferencia abismal.
El precio de mandar
La versión romántica de la propiedad de los aficionados es fácil de vender. La difícil es la que describió Boom cuando dijo: “La propiedad de los aficionados no es fácil”. FC United no tiene a un multimillonario dispuesto a firmar un cheque a final de mes y ya ha vivido en sus carnes la deuda que trajo el empeño de construir su propio estadio.
Boom explicó que la deuda se descontroló durante un tiempo porque la urgencia era tener un sitio al que pudieran llamar realmente hogar. Añadió que el club se pasó de rosca y que el estadio no se gestionó tan bien como podía haberse hecho, con lecciones duras sobre el nivel de experiencia que hace falta incluso en esta categoría.
Esas lecciones conviven ahora con cifras esperanzadoras. FC United reparte un resumen mensual de la reunión del consejo entre sus 1.528 socios adultos, el aumento de la producción solar en Broadhurst Park podría ahorrar hasta 4.000 libras, y el club prevé cerrar el ejercicio con un beneficio superior a 100.000 libras, una mejora de 350.000. Aun así, siguen pensando que necesitan un superávit anual de 200.000 libras para financiar las obras esenciales del campo y los pagos del préstamo, de modo que las cuentas siguen apretadas, no resueltas.
Boom también pasó 70 horas semanales ocupado con los asuntos del club, un recordatorio de que este modelo depende de gente que carga con un peso que la mayoría de los aficionados nunca ve. La cuestión no es que la propiedad de los seguidores sea sencilla o nostálgica. Es que FC United ha construido algo lo bastante sólido como para seguir en pie, aunque siga viviendo con los sacrificios que implica dirigir tu propio club.
Los problemas del Manchester United dan a ese argumento un filo todavía más duro. Boom calificó lo que le ha ocurrido al club de “una tragedia absoluta” y dijo que cada vez se ha tratado más como un activo financiero por parte de propietarios desconectados de lo que significa para los aficionados. Habla desde la protesta, sí, pero también desde la supervivencia. FC United sigue aquí porque eligió el control, y el siguiente paso es una cita de FA Cup en Altrincham con un botín de 25.000 libras en juego.
Escrito por Jack Mercer con investigación asistida por IA, contrastado con 1 medio. Cómo trabajamos →




