Pep Guardiola, según las informaciones, ha dicho no a Italia después de las conversaciones mantenidas en Barcelona, dejando a Paolo Maldini y a la FIGC obligados a acelerar el plan B. No fue un simple rumor de sobremesa ni una ocurrencia nacida en un día gris de noticias. Maldini y Leonardo viajaron a Barcelona el pasado fin de semana para reunirse con Guardiola, y La Gazzetta dello Sport asegura que la llamada llegó entrada la noche, después de que el técnico se tomara muy en serio el cargo.

Manchester City sigue apareciendo en el tablero solo como el club que Guardiola dejó atrás. Acabó segundo en la Premier League con 78 puntos, así que esto nunca fue el caso de un entrenador huyendo de un barco a la deriva. La salida tenía que ver con otro puesto, en otro país y con un nivel de incertidumbre muy distinto.

El asterisco que señalan los analistas

El asunto del dinero ha hecho mucho ruido, pero no conviene sobredimensionarlo. Los informes apuntaron a que Guardiola pidió un salario de 20 millones de euros para hacerse cargo de Italia, aunque Maldini sostuvo que el aspecto económico no era relevante en absoluto para Pep. Por eso, la lectura más convincente no es simplemente salario sí o salario no, sino encaje, momento y compromiso. La supuesta respuesta de Guardiola fue bastante clara: “Gracias, me siento honrado, pero en este momento no lo siento”.

Las palabras del propio Maldini van en la misma dirección. “Lo ideal sería tener al entrenador antes de que termine esta semana, pero quizá todavía sería más ideal esperar a la persona que de verdad queremos”, afirmó. Es una admisión bastante clara de que Italia no pretende ganar esta carrera solo por velocidad.

La reconstrucción más larga de Italia

La magnitud del reto forma parte del problema. Maldini y Leonardo explicaron que el proyecto podría tardar de 8 a 10 años en devolver a Italia al lugar que quiere ocupar en el escenario mundial. Es un horizonte larguísimo para cualquier técnico, y ayuda a entender por qué la búsqueda arrancó con los nombres más grandes y ahora puede tener que bajar varios escalones en la lista.

Maldini lo dejó aún más claro al añadir: “Hay una cierta prisa, pero no una prisa precipitada. No podemos negar que también hablamos con Carlo Ancelotti antes de hablar con Pep, y parecía lógico empezar por quienes considerábamos los mejores del mundo”. Italia quería la respuesta más rotunda posible. El no de Guardiola les obliga ahora a buscar otra, y el próximo nombramiento ya suena a la verdadera historia, más que la reunión de Barcelona.

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