El correo filtrado de Lord Mulholland es la intervención más contundente hasta la fecha en el culebrón judicial de los administradores del Rangers. El ex Lord Advocate sostiene que había una clara suficiencia de pruebas para procesar, rechaza el acuerdo por persecución maliciosa e incluso deja entrever que podría emprender acciones por las disculpas de James Wolffe.
El caso de Mulholland contra el acuerdo
Mulholland afirmó que la decisión de cerrar el caso sobre la base de la persecución maliciosa le dejó “sorprendido, ahora incrédulo”. Fue más allá y aseguró: “Había una clara suficiencia de pruebas. No es un asunto ajustado, había una clara suficiencia”.
También defendió al equipo de la acusación al escribir: “No hice nada mal, ni vi ninguna conducta indebida ni negligente entre el equipo de la acusación”. El tono del correo importa porque no suena a alguien que se esté apartando del conflicto. Suena a quien cree que el error fue el propio acuerdo.
Eso lo coloca frontalmente frente a la postura de James Wolffe, que dijo: “En este caso concreto hubo un fallo gravísimo en el sistema de acusación”. Wolffe pidió disculpas al Parlamento y al público por lo ocurrido y por el coste para las arcas públicas.
El golpe económico ya es demoledor. Paul Clark y David Whitehouse lograron 21 millones de libras en daños y perjuicios de los fiscales, y el coste total para el erario supera ya los 50 millones de libras. Charles Green también recibió más de 6 millones de libras en compensación, además de las costas judiciales.
El caso sigue vivo
El correo de Mulholland también dice que prestará mucha atención a la declaración pública y a las disculpas que están por llegar, y que “se reserva el derecho a tomar cualquier medida que considere apropiada”. No es el lenguaje de alguien que dé por cerrada la herida.
Choca, además, con el hecho de que una investigación pública sobre el despropósito se prometió hace más de cinco años y todavía no ha visto la luz. El retraso ha mantenido vivo el escándalo, y la última filtración añade otra capa a un caso que ya ha costado millones y que sigue sin un final claro.
De momento, los argumentos jurídicos y políticos siguen en paralelo. Wolffe ha admitido un fallo grave en el sistema de acusación. Mulholland sostiene que las pruebas justificaban el caso desde el principio, y no da un paso atrás.
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