"Estoy convencido de que el Chelsea está bien posicionado para seguir teniendo éxito", dijo Todd Boehly al vender su participación en el Chelsea tras cuatro años en la sala de juntas. La frase chirría de lleno si se compara con todo lo anterior. El Chelsea fichó a 65 jugadores en poco más de cuatro años, gastó alrededor de 2.000 millones de libras y pasó por ocho técnicos en ese tramo, contando los interinatos de Frank Lampard y Calum McFarlane.

El gasto y la rotación

Los episodios más sonados llegaron pronto. El Chelsea fichó a Raheem Sterling por 50 millones de libras con un contrato de cinco años y un sueldo de 325.000 libras semanales, después pagó 70 millones de libras por Mykhailo Mudryk en enero de 2023 y le entregó un contrato de ocho años y medio. Y esos movimientos no llegaron aislados. Formaban parte de un modelo de fichajes basado en el volumen, con 65 jugadores entrando por la puerta bajo la implicación de Boehly.

Sus propias declaraciones no han hecho más que facilitar la burla de su legado. En una ocasión dijo: "Se podría hacer un partido de las estrellas entre el norte y el sur de la Premier League. Eso financiaría muy fácilmente lo que necesitara la pirámide", y también admitió: "Me quedé como director deportivo interino durante el verano sin tener ni idea de qué hacía bueno a un futbolista". Más tarde explicó el fichaje de Marc Cucurella porque el Manchester City lo quería, y lo calificó de "muy sencillo así".

Lo que deja en el Chelsea

La parcela deportiva nunca encontró estabilidad. El Chelsea ha utilizado ocho técnicos en cuatro años, y el club acabó 10.º en la temporada 2025-26 antes de subir hasta la 6.ª posición en 2026. Es una mejora, sí, pero no el tipo de salto que borra el caos del periodo anterior.

Los comentarios de Kepa Arrizabalaga sugerían que Boehly seguía cerca del vestuario después de los partidos, pero no transmitieron que su influencia fuera controlada o coherente. El patrón sigue siendo el mismo: gran desembolso, contratos larguísimos, cambios constantes y un club que se dejó una fortuna sin encontrar demasiada estabilidad.

La venta de Boehly cierra un capítulo, pero el Chelsea sigue cargando con los fichajes, los contratos y la rotación de técnicos que vinieron de su mano.

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