Andy Halliday probablemente tenga razón al decir que es un encaje natural, pero eso no hace el trabajo más liviano. Derek McInnes aterriza en el Rangers tras acabar tercero la temporada pasada, un derrumbe tras el parón y otra campaña sin títulos que ha afilado todas las preguntas alrededor del club.

La etapa de Russell Martin duró 17 partidos antes de que lo echaran. Danny Rohl se marchó al Red Bull Salzburg en junio después de que la temporada de Rangers se deshiciera, y el patrón es bastante evidente: el club ha pasado demasiado tiempo cambiando al hombre del banquillo en vez de arreglar el ambiente que lo rodea.

McInnes y la presión en Ibrox

La lectura de Halliday sobre McInnes es directa. “El momento es perfecto”, dijo, y añadió que McInnes es “ahora un técnico más completo que en 2017” y “la mejor opción posible para asumir el cargo”. También advirtió que “sabe perfectamente la olla a presión en la que entra”.

Esa presión no es una idea abstracta. Rangers acabó tercero en la Scottish Premiership de 2025, sumó 72 puntos en 38 partidos de liga y perdió 6 de ellos. No es una base desesperada, pero tampoco vale ni de lejos para un club que entiende los títulos como el mínimo exigible.

McInnes también conoce bien Ibrox. Jugó allí de 1995 a 2000, así que sabe lo que es el lugar y el ruido que lo acompaña. La gran cuestión es si ese conocimiento se convierte en autoridad cuando empiece a rodar el balón.

Shankland da al reconstrucción un foco claro

Lawrence Shankland es el otro motivo por el que Rangers cree que este reinicio tiene verdadero filo futbolístico. Halliday apuntó que, como delantero de Rangers, llegar a 20 goles “debería ser lo mínimo”, y definió a Shankland como “lo más parecido a una garantía que se puede encontrar para un delantero de 20 goles por temporada” si le llega buen servicio.

Su tarjeta de visita impresiona. Shankland marcó 88 goles en cuatro años en Tynecastle, una producción de las que el Rangers ha echado en falta en un delantero centro fiable. Además, disputó 2 partidos en el Mundial de 2026, con 174 minutos sobre el césped en esa muestra.

No se trata de que Shankland solucione todo por sí solo. Se trata de que Rangers ha incorporado, por fin, a un ariete cuyo registro goleador da a la reconstrucción un foco clarísimo, mientras McInnes entra en un puesto en el que el club ya no puede seguir agarrándose al cambio como excusa.

Las próximas 5 citas dirán hasta qué punto cae la presión, y Rangers ya tiene 5 encuentros por delante. La primera gran pregunta no es si McInnes entiende la magnitud del reto, porque está claro que sí. Es si esta versión de Rangers deja de comportarse como un club que espera que todo salga mal.

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