Jimmy Greaves dijo que ojalá estuviera jugando hoy, y no se mordió la lengua. El exdelantero de Inglaterra contrapuso el dinero del fútbol moderno con los salarios que cobraba en el Chelsea, admitió que el alcohol le robó buena parte de los años 70 y habló sin rodeos de la vida después del balón.
Marcó 402 goles en 617 partidos. Y ahí está la clave de todo: ese dato hace que el resto de su historia golpee todavía más fuerte. Greaves no era un exprofesional cualquiera mirando atrás con amargura. Fue uno de los grandes rematadores del fútbol inglés, y sus reflexiones pesan las de alguien que vivió a ambos lados de la brecha económica del deporte.
Greaves, el dinero y lo que pagaba el fútbol de antes
El mensaje más claro de Greaves fue sobre los sueldos. "No nos andemos con rodeos, ojalá estuviera jugando hoy", dijo. "Miro atrás, a mis días en el Chelsea, cuando tenías que pelear para sacar 8 libras a la semana en invierno y 7 libras a la semana en verano".
Añadió que ahora hay jugadores que "ni siquiera han debutado con el primer equipo y ya cobran 40.000 libras a la semana". No se trata de que todos los futbolistas de hoy ganen esa cifra, sino de que Greaves vio un deporte transformado hasta resultar irreconocible. En su época, ni siquiera los goleadores de élite estaban a salvo de la dura realidad económica del fútbol.
Los años que, según él, se llevó el alcohol
La parte más dolorosa de su propio relato fue la del alcohol. "Los 70 los perdí por completo, pasaron de largo", dijo Greaves. "Estuve borracho de 1972 a 1977".
Más adelante describió esa etapa con más detalle y explicó que pasó cinco meses en el hospital psiquiátrico de Warley durante 1977. También reconoció: "Jugar al fútbol me dio una buena vida y la televisión también me dio una buena vida, pero si me preguntas: '¿Tengo dinero?', la respuesta es no. Nunca gané lo suficiente como para guardarlo".
Ahí está la arista más dura de esta historia. Greaves tuvo fama, goles y trabajo en televisión, pero nada de eso le blindó frente al coste de la adicción ni frente a la falta de seguridad financiera a largo plazo que arrastraba su época.
La pieza de su legado en el Mundial sigue ahí, en segundo plano. Una lesión en la espinilla que necesitó 14 puntos frente a Francia en el último partido de la fase de grupos acabó con su papel en la final del Mundial de 1966, con Geoff Hurst ocupando su puesto y Alf Ramsey manteniendo a Hurst tras recuperarse Greaves. Sigue siendo uno de esos capítulos extraños y todavía no resueltos de la historia del fútbol inglés.
Las propias palabras de Greaves dejan poco margen para romantizar el pasado. Fue un delantero de 402 goles que aun así tuvo que hablar de 8 libras de sueldo, del alcohol y de un dinero que nunca logró apartar. El próximo partido de Inglaterra en el Mundial, Panama vs England on 2026-06-27 21:00:00+00, es un recordatorio moderno y muy nítido de hasta qué punto ha cambiado el fútbol desde la era que describía Greaves.
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