Paraguay vuelve al Mundial por primera vez desde 2010, y los números dejan una conclusión incómoda para los amantes del fútbol de fogueo: esto no fue una estampida ofensiva ni una clasificación firmada a base de desborde. Marcó solo una vez en sus seis primeros partidos de la liguilla, luego remontó hasta acabar sexto y sellar su billete con ocho puntos de colchón sobre Bolivia. El gran mérito de Gustavo Alfaro fue otro —cambiar el ánimo y la identidad de un conjunto que parecía atascado.

Alfaro cambió la sensación antes de cambiar la tabla

Aquí está la clave del regreso de Paraguay. La clasificación importa, por supuesto, pero el camino dice mucho más que la posición final. Alfaro heredó una selección que apenas generaba peligro al inicio del campeonato y, en lugar de obsesionarse con la estética, les dio una versión más clara, más dura y mucho más reconocible.

Lo resumió con una metáfora muy suya. En declaraciones a BBC Sport, Alfaro dijo: "Solo tuve que sacudir un poco el árbol para que se cayeran las arañas y nos diésemos cuenta de que el árbol estaba lleno de frutos."

Suena a técnico adornando una historia de resurrección, pero el golpe de efecto fue real. Tras aquel arranque calamitoso, Paraguay solo perdió uno de sus 12 partidos restantes de clasificación. No despegó por ser más vistoso. Despegó por ser fiable.

Alfaro también explicó a BBC Sport: "Estos chicos me demuestran que el fútbol no es suma, es multiplicación." Y la frase encaja como un guante en este equipo. Paraguay no está plagado de creativos, ni es una selección que pueda arrollar a rivales superiores por puro talento. Lo que construyó fue disciplina colectiva —la clase de cemento que te lleva vivo a una fase final incluso cuando el ataque sigue siendo corto.

Ahora bien, hay una duda con el calendario. Sports Mole informó de que Alfaro tomó las riendas en agosto de 2024 tras una mala Copa América, mientras que BBC Sport lo situó al frente del grupo desde hace dos años. La fecha exacta es menos importante que el efecto. Al final de la clasificación, Paraguay había convertido un arranque roto en una plaza mundialista.

El estilo es pragmático, directo y muy incómodo de enfrentar

El perfil del conjunto es cristalino. Paraguay promedió un 37% de posesión en la clasificación, la cifra más baja de Sudamérica. Además, registró la mayor velocidad directa de toda la zona y la menor media de pases por secuencia de posesión.

No es casualidad. El bloque de Alfaro se maneja bien sin balón, y ni siquiera intenta fingir lo contrario. Su regreso al Mundial se apoya mucho más en sobrevivir bien a los partidos que en controlarlos.

Los números defensivos explican por qué el plan funcionó. Paraguay encajó solo 10 goles en 18 partidos de clasificación. Para una selección que promedió 0,78 goles por encuentro, esa base atrás era obligatoria. Si marcas 14 goles en toda una liguilla, no te puedes permitir un solo descuido adicional.

Por eso esta historia no debe venderse como un simple triunfo del resultado. Los resultados llegaron gracias a una identidad futbolística perfectamente reconocible: menos posesión, ataques más rápidos, menos riesgos y muchísima confianza en la última línea. Jugadores como Gustavo Gómez y Omar Alderete encajan de forma natural en ese molde, y la estructura a su alrededor hizo el resto.

La plaza mundialista está asegurada, pero el problema sigue siendo el ataque

Clasificarse con un partido de margen es un logro de peso. También lo es acabar sexto después de aquel derrumbe inicial. Pero no sirve de nada maquillar la realidad: las preguntas ofensivas no han desaparecido.

Paraguay marcó 14 goles en 18 partidos de clasificación, y solo nueve llegaron en jugada. Además, se quedó sin ver puerta en la mitad de esos encuentros. Por todo el crédito que merece Alfaro, sigue siendo un conjunto que vive al filo del abismo cuando pisa área rival.

Eso pone todavía más foco sobre Miguel Almirón. Generó 23 ocasiones en la clasificación, la cifra más alta de la plantilla, y ganó la posesión 82 veces, lo que dice mucho de todo lo que tiene que hacer en ambos lados del campo. Almirón sigue siendo el hombre más capaz de regalarle a Paraguay un destello, pero no puede ser todo el plan ofensivo cuando empiece el torneo.

El calendario ya está fijado. Paraguay debuta ante Estados Unidos el 13 de junio de 2026, luego se mide a Turquía el 20 de junio y cierra frente a Australia el 26 de junio. BBC Sport también señaló horarios de 2:00, 4:00 y 3:00 de la madrugada BST en Reino Unido, aunque los datos del fixture confirman rivales y fechas, no esas horas de emisión.

Lo que ya parece claro es el tipo de selección que encontrarán sus rivales. Paraguay vuelve al Mundial como un bloque rocoso, de baja posesión y con las ideas muy claras. Si quiere algo más que un regreso digno, la defensa tendrá que seguir sosteniendo el castillo. Arriba, aún tiene que aparecer algo más en junio.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se clasificó Paraguay para el Mundial 2026 pese a marcar tan poco?

Paraguay se clasificó porque Gustavo Alfaro reconstruyó al conjunto desde la disciplina, el juego directo y el control defensivo, no desde el caudal ofensivo. Marcó 14 goles en 18 partidos y promedió 0,78 goles por encuentro, pero encajó solo 10, perdió únicamente uno de sus últimos 12 partidos y reaccionó tras firmar solo un gol en sus seis primeros choques.

¿Cómo juega realmente el Paraguay de Gustavo Alfaro?

Paraguay no vive obsesionado con dominar el balón. En la clasificación promedió un 37% de posesión, la cifra más baja de Sudamérica, y lo combinó con la velocidad directa más alta y la menor media de pases por secuencia de posesión. El retrato es clarísimo: defender, salir rápido y ser un hueso duro de roer.

¿El regreso de Paraguay al Mundial es por táctica o solo por resultados?

Es mucho más que resultados. El giro importa porque Paraguay parecía atascado al inicio de la clasificación, con un solo gol en sus seis primeros partidos, y después se convirtió en un bloque disciplinado y vertical con Alfaro. Los números lo respaldan: solo una derrota en los 12 partidos siguientes, sexta plaza y ocho puntos de ventaja sobre Bolivia.

¿En quién se apoya más Paraguay de cara al Mundial?

Miguel Almirón sigue siendo el gran referente ofensivo. Generó 23 ocasiones en la clasificación, la cifra más alta de la plantilla, y además recuperó la posesión 82 veces, lo que deja claro cuánto trabajo le toca hacer a ambos lados del campo. Paraguay necesita más colmillo a su alrededor.

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