Kevin Kilbane no se anduvo con paños calientes. Después de que Bélgica derrotara a Estados Unidos por 4-1 en los octavos de final del Mundial el lunes por la noche, habló de un “tren del hype” descarrilado y aseguró que los coanfitriones habían quedado en evidencia dentro y fuera del terreno de juego. Steven Caldwell fue igual de rotundo con Christian Pulišić, que aguantó 59 minutos y se marchó con el foco puesto en la peor noche del torneo.

El techo de la selección estadounidense

El mensaje de Kilbane fue sencillo: Estados Unidos se creyó capaz de firmar un camino mucho más largo del que justificaba su nivel. A su juicio, se veían en cuartos, en semifinales e incluso levantando el torneo, antes de rematar con una sentencia demoledora: Bélgica dejó al descubierto “hasta qué punto son un conjunto frágil”.

Es un juicio duro, sí, pero el resultado lo respalda. Bélgica marcó 4 veces, mientras que Estados Unidos apenas pudo hacer 1 gol, el tanto de Malik Tillman en el minuto 31.

La noche de Pulišić y la lluvia de críticas

Caldwell convirtió a Pulišić en el epicentro de la crítica. Señaló que el delantero perdió 11 balones en la primera parte y 14 en total, y después fue todavía más lejos al afirmar que estuvo “absolutamente terrible en el partido”.

Los números encajan con el tono del análisis. Pulišić ganó solo 2 de sus 8 duelos, firmó una valoración de 6,2 y acabó el Mundial con 0 goles en 4 partidos. Además, tras el encuentro explicó que se había “torcido totalmente el tobillo y la rodilla en una jugada”, y añadió: “Estoy decepcionado conmigo mismo, por supuesto, pero voy a intentar mantener una actitud positiva”.

Eso sí, el debate final queda en un punto bastante reconocible. La lesión de Pulišić explica su retirada, pero no borra el hecho de que estuvo muy por debajo del nivel que Estados Unidos necesitaba de su principal referencia ofensiva.

Mauricio Pochettino tampoco quiso hablar de su futuro nada más quedar eliminado y zanjó el asunto con una frase seca: “Ahora no es el momento de hablar de eso”. La historia inmediata, sin embargo, es la misma que Kilbane y Caldwell dejaron clara: este fue un final tajante para un torneo que Estados Unidos esperaba estirar mucho más.

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