Las primeras palabras de Andrew Robertson tras fichar por el Tottenham fueron menos sobre los trámites del movimiento y más sobre por qué, a su juicio, tenía todo el sentido del mundo. Llega libre tras expirar su contrato con el Liverpool al final de la pasada campaña, después de 9 años en Anfield. El Tottenham ya había mostrado interés en enero antes de que el acuerdo se cerrara como cesión libre.
El tirón del proyecto y del entrenador
Robertson fue claro al explicar por qué se subió al carro. “Es un club muy grande y un club que va hacia arriba”, dijo, al tiempo que añadía que “el entrenador es un gran atractivo”. Explicó que había hablado con Roberto De Zerbi, y que esa llamada, junto con la forma en la que los spurs quieren jugar, terminó de venderle la operación.
Ese es el hilo conductor de todo el asunto. Robertson no está presentando el fichaje como un cambio de aires o como un último baile en el tramo final de su carrera. Está describiendo un club que, en su opinión, marcha en la dirección correcta y a un técnico con el que quería trabajar.
También subrayó que el momento era importante. “Estoy ilusionado por estar aquí… He sido muy afortunado, no he tenido que hacerlo durante tanto tiempo. Estar en un solo club durante 9 años es muchísimo tiempo. Pero también es emocionante”, señaló.
La necesidad de resetear a los spurs
La llegada de Robertson aterriza además en un momento útil para los spurs. Acabaron 17.º en la Premier League con 41 puntos, 10 victorias y una diferencia de goles de -9. Ese es el contexto de su aviso: el club no puede permitirse otra campaña liguera floja.
Lucirá el No3, un detalle menor, sí, pero que da al movimiento un punto de partida claro para los aficionados que quieren ver al nuevo fichaje asentado cuanto antes. Su experiencia al máximo nivel tampoco admite discusión. Robertson disputó 31 partidos de Premier la pasada temporada, una cifra que encaja con la imagen de un futbolista que seguía plenamente en la pelea antes del cambio.
El único matiz que conviene no perder de vista es la dimensión del salto. 9 años en un mismo club son una eternidad en el fútbol moderno, y Robertson no lo ha escondido. Ahora le toca demostrar que el Tottenham de verdad es un club “que va hacia arriba” con actuaciones a la altura de esa ambición.
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