SC Freiburg acabó séptimo en la Bundesliga, alcanzó la primera final de su historia en la Europa League y firmó una tercera campaña europea consecutiva. La sorpresa ya quedó atrás. Ahora, el trabajo de Julian Schuster consiste en demostrar que el despegue no fue un destello aislado, sino algo que puede repetirse.

El fortín y el control europeo

El mejor argumento para el optimismo empieza en casa. El conjunto de Freiburg solo perdió 3 de sus 25 partidos como local en todas las competiciones, y ganó sus 7 partidos como local en la Europa League. Ese registro es muy difícil de fingir durante una temporada entera, aunque la final de Estambul dejara al equipo sin trofeo.

Vincenzo Grifo fue una de las claves para que el nivel se mantuviera. Marcó 5 goles y repartió 4 asistencias en 15 partidos europeos, aportando una presencia fiable cuando los encuentros se volvían más pesados. RB Leipzig también comprobó el techo competitivo que podía alcanzar Freiburg cuando más apretaba, con ese triunfo por 4-1 en la última jornada que aseguró la séptima plaza.

Reponer sin perder filo

La tarea más compleja es sostener ese nivel mientras se mueven piezas alrededor. A Freiburg se le pide reemplazar producción ofensiva y mantener el mismo control, y eso no es asunto menor para un club construido de esta manera.

Vincent Kompany resumió el proyecto con claridad cuando habló con bundesliga.com: "Es un club pequeño que ha construido todo con sus propios recursos. Hay una filosofía, una visión. Julian merece un enorme respeto, pero también la gente que rodea al club y toma las decisiones junto a él".

Y esa lectura es la correcta. El crecimiento de Freiburg tuvo más de estructura que de suerte, y el reto de Schuster consiste en conservar intacto ese armazón mientras los rivales se adaptan. Las pruebas del curso pasado dicen que están capacitados para seguir en la conversación europea. Pero también dejan una advertencia nítida: el siguiente paso será más duro que el anterior.

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