"No se puede juzgar sin un conocimiento mucho más profundo y completo de la persona juzgada."
Ese principio, formulado por el periodista argentino Enrique Macaya Marquez, de 91 años, ha sostenido su carrera a lo largo de 18 Mundiales consecutivos y casi siete décadas. Desde que cubrió por primera vez la Brasil de Pelé en Suecia 1958, Macaya ha documentado la transformación del fútbol: la evolución táctica, la aparición de Messi, la reivindicación inesperada de Lionel Scaloni. Su negativa a poner a los futbolistas en un podio por épocas es un contrapeso rarísimo frente a la obsesión de los medios deportivos modernos con el debate del GOAT y las jerarquías eternas.
Para alguien que ha visto el deporte pasar de las retransmisiones en blanco y negro a la era actual, un juicio tan medido es más que un principio periodístico. Es una perspectiva ganada a pulso, alimentada por la cercanía a los mejores jugadores de la historia y también una advertencia contra la falsa certeza de clasificarlos.
Por qué fallan las comparaciones entre épocas
La filosofía quedó especialmente clara cuando se aplicó a los nombres más grandes del fútbol. Cuando le preguntaron si Messi o Maradona merecían el título de mejor jugador de la historia, Macaya respondió reforzando su idea central: "Esa pregunta merece una sonrisa. No hay manera de medir a los jugadores a lo largo de la historia. Los tiempos han cambiado. Los rivales han cambiado. Cada jugador es único."
Siguió así: "Puedo decir quién me gustaba personalmente, pero eso no significa que crea que ese jugador fuera el mejor de la historia."
La diferencia pesa de verdad. En una era en la que el comentario vive de clasificaciones binarias y veredictos eternos, los siete decenios de observación de Macaya ofrecen otro enfoque: el contexto, el rival al otro lado, el apoyo de los compañeros, las exigencias tácticas de la época, importa más que la comparación pura y dura.
Profundizando en esa idea, apuntó: "Es muy difícil hacer una comparación en frío. Los rivales eran distintos. Las necesidades eran distintas. El apoyo de sus compañeros era distinto. Cada uno tuvo su propia vida y su propia historia."
No se trata de sostener que comparar la grandeza sea imposible, sino de que aplastar épocas distintas en una sola clasificación hace perder aquello que volvió extraordinario a cada jugador en su momento. El dominio de Pelé en los 50 y los 60, la redención de Maradona en 1986, la excelencia sostenida de Messi durante dos décadas: cada relato exige ser entendido en sus propios términos.
La reivindicación de Scaloni
Esa filosofía resultó premonitoria en el caso de Lionel Scaloni. Cuando Argentina nombró al técnico, entonces todavía poco conocido, en 2018, muchos observadores cuestionaron la decisión. Parecía una apuesta arriesgada para una selección en transición. El enfoque de Macaya, reservar el juicio hasta comprender del todo a la persona, habría impuesto una paciencia natural. Desde entonces, Scaloni ha llevado a Argentina a ganar la Copa América, la Finalissima y el Mundial de 2022, una racha de éxito que dio la razón a la fe silenciosa en una dirección poco convencional.
El caso Scaloni ilustra la idea más amplia de Macaya: juzgar requiere tiempo y comprensión, no veredictos a toda prisa. Un nombramiento inesperado que en 2018 parecía arriesgado hoy se lee como un momento definitorio del fútbol argentino.
Cubrir el presente torneo a los 91
Ahora, a sus 91 años, Macaya sigue informando desde su 18.º Mundial. Argentina ha dominado la fase de grupos del Mundial 2026, con 4 victorias en 4 partidos y 12 goles a favor, mientras solo ha encajado 3. El conjunto pasó como líder del Grupo J con una diferencia de goles de +9, una marcha demoledora que marcará la fase eliminatoria.
El semifinal contra Inglaterra espera el 15 de julio de 2026. Es el torneo que Macaya está contando y lleva el peso de toda su carrera: ha visto cada gran capítulo de la historia del fútbol y sigue ahí para narrarlo.
Una vida de perspectiva medida
La amplitud de su trayectoria impresiona. Desde la derrota sorpresa de Argentina ante Checoslovaquia en 1958, un resultado que describió como el "desastre de Suecia", hasta la gloria de semifinal que se va abriendo paso ahora, Macaya ha sido testigo del arco completo del fútbol. Su compromiso con el juicio medido se ha vuelto cada vez más raro en un panorama dominado por veredictos instantáneos y opiniones al vuelo.
El legado de su filosofía no es que todos los rankings sean inválidos, sino que declarar a un jugador "el mejor de la historia" aplana la singularidad de lo que logró cada generación. Sus siete décadas apuntan a un marco más honesto: no quién fue el mejor, sino qué consiguió cada jugador dentro de su propio contexto, ante sus propios rivales, con sus propios compañeros, bajo sus propias circunstancias.
Ese marco, comprender antes de juzgar, parece hoy más valioso que nunca.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no se puede comparar a Messi y Maradona como el mejor?
Según el periodista Enrique Macaya Marquez, que ha cubierto 18 Mundiales, cada época tuvo rivales distintos, apoyos distintos y exigencias tácticas distintas. Cada jugador brilló en su momento histórico, así que compararlos como si hubieran afrontado exactamente las mismas condiciones borra lo singular de lo que logró cada uno.
¿Cómo logró Lionel Scaloni triunfar como seleccionador de Argentina?
Cuando Argentina nombró a Scaloni en 2018, su designación parecía una apuesta arriesgada. Bajo su mando, Argentina ganó la Copa América, la Finalissima y el Mundial de 2022. Su éxito dio la razón a la paciencia con los nombres poco convencionales y a la idea de no juzgar antes de comprender de verdad su visión.
¿Cuál es la filosofía de Enrique Macaya Marquez al juzgar a los futbolistas?
La idea central de Macaya es esta: "No se puede juzgar sin un conocimiento mucho más profundo y completo de la persona juzgada." Aplicada a la comparación de los grandes del fútbol, significa reconocer la singularidad de cada jugador en lugar de forzarlos a una única jerarquía entre épocas distintas.
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