"Creo que tengo un ángel sobre mi hombro." Esas fueron las palabras de Mikel Merino al recordar el bombardeo al autobús del Borussia Dortmund en 2017, al explicar que un cambio en el lugar donde se sentó pudo sacarle de la trayectoria de la metralla. Tres bombas de tubo estallaron cerca del autobús, y Merino asegura que el ataque dejó sangre en el suelo, humo y gritos a su alrededor.

El asiento que no solía ocupar

Merino contó que un gran fragmento de metralla quedó incrustado en el reposacabezas de su asiento habitual. Se había movido hacia delante porque los asientos delanteros se reclinaban, y ahí estuvo la diferencia. Describió un ruido ensordecedor, el autobús a punto de volcar y, más tarde, estar en el hospital esperando a Marc Bartra, que tenía la muñeca destrozada por un profundo corte.

Ese relato importa porque arranca desde lo más cotidiano. Un par de piernas apretadas, un asiento reclinable, un pequeño cambio de rutina. Esta vez, bastó para que Merino dijera: "En realidad, tuve la suerte de seguir con vida".

La queja de Tuchel por la UEFA

El bombardeo fue también un desastre institucional. Thomas Tuchel dijo que la UEFA informó al Borussia Dortmund por mensaje de texto de que el partido se iba a disputar y que no se preguntó a los jugadores si querían jugar después del ataque. Lo calificó como una sensación muy mala y aseguró que hubo una enorme impotencia.

El relato de Merino mantiene en primer plano la cara humana de aquella noche. El ataque tuvo lugar durante el bombardeo al autobús del Borussia Dortmund en 2017, y las decisiones futbolísticas que rodearon el caso siguen chirriando al lado de la historia de supervivencia. Lo que permanece grabado es el detalle que Merino repitió: cambió de asiento, un fragmento de metralla cayó donde habría estado él y seguía dentro del autobús cuando las tres bombas de tubo estallaron cerca.

Escrito por Jack Mercer con investigación asistida por IA, contrastado con 3 medios. Cómo trabajamos →