"En Jordania nos enorgullecemos de defender los valores éticos. No le respaldamos antes y, desde luego, no lo haremos ahora. Pero toda esta situación equivale a un chantaje y nos negamos a ceder". La declaración del príncipe Ali bin Hussein a independent.co.uk ha llevado la última bronca de la FIFA a un terreno mucho más serio que una simple marcha atrás. Con la FIFA ahora lidiando con el golpe reputacional de un plan abortado para vender el 20% de FIFA Forward Enterprise a inversores privados, la presión sobre Gianni Infantino empieza a parecer ya un problema de gobernanza.

La acusación de Ali cambia el relato

El plan abortado salió a la luz por primera vez en informaciones de The Times y Financial Times el pasado martes. Desde entonces, el debate ha pasado de si la FIFA se había pasado de frenada en lo comercial a si su cúpula ha perdido el control de la situación.

La acusación del príncipe Ali es la parte más afilada de ese giro porque fue más allá de criticar el plan en sí. Dijo a independent.co.uk: "Durante meses, la FIFA se ha negado a ayudarnos en ninguno de estos asuntos ni en otros, hasta que se me comunicó verbalmente durante el Mundial que, si respaldaba a Infantino, eso ayudaría mucho a nuestra federación".

Esa afirmación debe tratarse como una acusación, no como un hecho probado. Aun así, eleva mucho el listón en una polémica que ya iba disparada. La UEFA amenazó con boicotear competiciones de la FIFA, incluido el Mundial, hasta que el plan fuera enterrado. La UEFA, además, ha dicho que ha perdido la confianza en Infantino y estudia activamente emprender acciones legales por el proyecto de FIFA Forward Enterprise.

Hay también una disputa de redacción en torno al propio proyecto. Algunos medios lo describieron como una venta del Mundial. El dato más firme disponible es que la FIFA había planeado vender el 20% de FIFA Forward Enterprise a inversores privados antes de echarse atrás.

La presión se extiende más allá de una federación

El problema de fondo para la FIFA es que la reacción ya no llega de una sola fuente. Mattias Grafstrom, secretario general de la FIFA, intentó separar a la institución del actual caos al afirmar: "Las personas, los momentos inestables y los episodios desafortunados van y vienen. La institución, su misión y su responsabilidad hacia el fútbol mundial continúan".

Es una línea defensiva, sí, pero no precisamente una defensa rotunda del plan abortado ni del propio Infantino. Arsène Wenger tocó una tecla parecida cuando dijo: "Creo firmemente en una FIFA independiente que sirva a nuestro deporte con compromiso, transparencia e integridad".

Dentro de la FIFA, el ambiente parece lo bastante enrarecido como para que miembros del consejo busquen una mayoría de 19 para solicitar una reunión y pedir cuentas a Infantino. Carlos Cordeiro también dimitió la semana pasada como asesor principal de Infantino. Cinco altos cargos de la CAF ofrecieron públicamente su apoyo a Infantino el miércoles, así que no estamos ante un derrumbe interno total, pero la línea de crítica crece claramente más rápido que la de respaldo.

El caso de Jordania añade otra capa porque la federación lanza estas acusaciones desde una posición futbolística débil, no desde una de fuerza. Jordania cerró su fase de grupos del Mundial con un balance de 0-3, 0 puntos y un registro goleador de 3-8 en el Grupo J. Eso no debilita la acusación en sí, pero sí deja claro que el príncipe Ali no habla desde la comodidad de una gran trayectoria en el torneo.

La reunión de Marruecos y lo que viene ahora

Infantino ha convocado a altos cargos de la FIFA en Marruecos mientras el incendio sigue extendiéndose. Esa reunión importa ya menos como ejercicio de control de daños por una idea comercial caída en desgracia y más como una prueba de si la FIFA es capaz de contener una crisis de liderazgo que arrastra a confederaciones, insiders y antiguos aliados.

El dato clave es sencillo: dar marcha atrás no cerró la historia. La acusación del príncipe Ali, la amenaza de boicot de la UEFA y la toma de distancia pública de altos cargos de la FIFA han mantenido viva la polémica. La próxima reunión de la FIFA en Marruecos se celebrará con todas esas preguntas todavía sobrevolando a Infantino.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la reunión de crisis de la FIFA se ha convertido en un problema tan grande para Gianni Infantino?

La polémica ya no gira solo en torno a un plan abortado. El príncipe Ali bin Hussein acusó a la FIFA de una conducta que, según él, roza el chantaje, mientras que los informes apuntan a que la FIFA quería vender el 20% de FIFA Forward Enterprise a inversores privados antes de dar marcha atrás. La UEFA, además, amenazó con boicotear competiciones de la FIFA, incluido el Mundial, hasta que el plan se retirara.

¿Qué acusó exactamente el príncipe Ali bin Hussein a la FIFA?

Ali aseguró que la FIFA se había negado durante meses a ayudar a Jordania en varios asuntos y que, durante el Mundial, se le comunicó verbalmente que respaldar a Gianni Infantino ayudaría mucho a su federación. Sostuvo que toda la situación equivale a chantaje y que Jordania no pensaba ceder.

¿La FIFA vendió parte del Mundial a inversores privados?

Ese punto está discutido. Algunos medios lo presentaron como una venta del Mundial, pero el dato concreto que se maneja aquí es que la FIFA planeaba vender el 20% de FIFA Forward Enterprise a inversores privados. Después, el plan fue retirado tras una fuerte reacción en contra.

¿Hasta qué punto es seria la oposición a Infantino dentro y fuera de la FIFA?

La cosa va muy en serio y ya desborda a una sola federación. La UEFA amenazó con boicotear competiciones de la FIFA hasta que el plan se cancelara y ha perdido la confianza en Infantino, además de estudiar acciones legales. Mattias Grafstrom y Arsène Wenger también hablaron en público de institución, independencia, transparencia e integridad, sin respaldar el proyecto abortado.

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