Arsenal levantó el trofeo de la Premier League tras su último partido en Crystal Palace, con Martin Ødegaard poniendo el broche de oro. Para entonces, el debate sobre el estilo ya había devorado demasiada temporada. Este título no fue un triunfo a pesar del pragmatismo. Se construyó sobre él, con el Arsenal acabando primero con 82 puntos después de haber sido líder de forma casi ininterrumpida desde octubre.
Las críticas han sido ruidosas. Paul Scholes los llamó "los peores campeones de la Premier League de la historia", mientras que Arne Slot declaró a skysports.com: "Enhorabuena a ellos. Pero para mí han sido un campeón distinto al de los últimos 10 años. Es la primera vez en 30 años que el 40 por ciento de los goles ha llegado a balón parado".
Eso es real. El Arsenal fue un campeón diferente. El error está en tratar eso como una debilidad en lugar de como el gran punto de la cuestión.
Por qué el debate sobre el estilo pasó por alto lo que hacía el Arsenal
Si un campeón acaba primero con 82 puntos y solo encaja 26 goles, la carga de la prueba debería recaer en quienes critican: que expliquen por qué eso no es convincente. El Arsenal no arrasó la liga a base de volumen ofensivo puro —marcó 69 goles en lugar de firmar una cifra estratosférica—, pero Mikel Arteta jamás fingió lo contrario.
Lo explicó sin rodeos a skysports.com: "No creo que haya que ser muy listo. ¿Podemos marcar 100 goles? ¿Hoy? Con los recursos que tenemos, con los jugadores que han estado fuera... La respuesta es no. ¿Puede un jugador marcar 35 goles? No. Entonces, ¿cómo vamos a ganar 40 y pico partidos para lograr lo que queremos? Esa es nuestra mayor fortaleza. En esto [la habilidad original] tenemos que ser los mejores del mundo. Y en las otras cosas, tenemos que estar muy cerca de ser los mejores del mundo. Solo con eso [la habilidad original] no vamos a conseguirlo. Nuestra mayor fortaleza, si hacemos eso, es que la probabilidad de ganar el partido es altísima".
Es una explicación contundente de una decisión de entrenador. El Arsenal miró la plantilla que tenía, la disponibilidad que no tenía, y construyó su candidatura al título sobre el control, la fiabilidad defensiva y ventajas repetibles.
La etiqueta de equipo fuerte a balón parado también oculta algo importante de su ataque en juego. El Arsenal fue el conjunto que más remates en jugada realizó en la Premier League cuando los rivales tenían nueve o más jugadores dentro del área. La cifra fue 112, y convirtió esas situaciones en 12 goles. Eso importa porque demuestra que el equipo se enfrentó una y otra vez a bloques hundidos y aun así generó lo suficiente como para liderar la competición en esa categoría específica.
Así que sí, fueron peligrosos a balón parado. También tuvieron paciencia suficiente con la posesión para seguir empujando a las defensas cerradas hacia atrás. No son ideas contradictorias. Son señales de un equipo que se adaptó a los problemas que la liga le fue poniendo delante.
Las lesiones hicieron más fácil entender el pragmatismo
El debate ofensivo se queda mucho más corto en cuanto se coloca sobre la mesa el historial de disponibilidad. Martin Ødegaard disputó 24 partidos de liga y jugó 1.384 minutos. El resumen también señala que solo superó los 45 minutos en 12 ocasiones en liga. Bukayo Saka sí llegó a 31 apariciones ligueras, pero tampoco fue, ni de lejos, una temporada completa y sin interrupciones.
Arteta resumió el caos así: "Una fue antes de Navidad, cuando teníamos a la línea de ataque con muchísimas lesiones. Y luego, en el parón internacional de marzo".
Hay un detalle en la discusión sobre lesiones que conviene manejar con cuidado. Sky Sports informó de que el tridente más exitoso del Arsenal, formado por Bukayo Saka, Viktor Gyökeres y Leandro Trossard, solo arrancó junto en 14 ocasiones. Sin embargo, la fila de datos del resumen muestra que el Arsenal jugó 37 partidos de liga, así que la formulación habitual de ese dato está en entredicho. La idea de fondo, eso sí, se mantiene: hubo muy poca continuidad en la línea de ataque.
Esa falta de ritmo ayuda a entender por qué el Arsenal no se construyó alrededor de un patrón ofensivo aplastante. Tuvieron que repartir la carga. Tuvieron que apoyarse en la defensa de transición, en la estructura y en momentos en los que jugadores como Declan Rice y Ødegaard podían imponer orden. Cuando un conjunto vive con esa disponibilidad tan irregular, el pragmatismo no es una renuncia. Es sentido común.
Lo que dice el título sobre la temporada del Arsenal
El momento de levantar el trofeo en Crystal Palace fue la imagen, no el argumento. Arsenal ya había sido confirmado campeón cuando el 2-2 del Manchester City ante el Bournemouth hizo imposible alcanzarle en la última jornada. El City acabó con 78 puntos. El Arsenal terminó con 82.
Esa distancia no significa que la temporada fuera sencilla, ni borra los debates estéticos. Pero sí dice algo muy claro: la clasificación se alineó con el equipo que mejor se adaptó. El Arsenal fue líder desde octubre, defendió mejor que nadie y encontró respuestas suficientes en ataque incluso lidiando semana tras semana con lesiones y bloques bajos.
Si eso no encaja en la idea de campeón ideal de alguien, es más problema suyo que del Arsenal. El título lo ganó un equipo que entendió sus límites, jugó con sus virtudes y aun así terminó primero. Ødegaard levantando el trofeo solo confirmó lo que la tabla venía diciendo desde hace meses.
Preguntas frecuentes
¿Por qué criticaron al Arsenal por ganar la Premier League?
Gran parte de la crítica se centró en que el Arsenal fue demasiado pragmático y dependió demasiado del balón parado. Arne Slot señaló que el 40 por ciento de sus goles llegaron a balón parado, y Paul Scholes llegó a llamarlos el "peor campeón de la Premier League de la historia". Pero los números devuelven el golpe: el Arsenal acabó primero con 82 puntos, encajó solo 26 goles y lideró la liga en remates ante bloques cerrados.
¿Ganó el Arsenal el título gracias a la defensa más que al ataque?
La defensa fue una pieza enorme del puzle. El Arsenal encajó solo 26 goles en liga, una base de control brutal para ganar partidos sin necesidad de firmar una cifra disparatada en ataque. Marcó 69 goles, así que no fue una carrera hacia los 100 tantos. Fue un campeón más equilibrado, construido sobre estructura, solidez y distintas vías para hacer daño.
¿Cómo afectaron las lesiones al ataque del Arsenal durante la pelea por el título?
El contexto de las lesiones explica mucho del debate ofensivo. Martin Ødegaard disputó 24 partidos de liga y acumuló 1.384 minutos, mientras que Bukayo Saka jugó 31 encuentros ligueros. Sky Sports también informó de que el tridente más exitoso del Arsenal, con Saka, Viktor Gyökeres y Leandro Trossard, solo salió de inicio junto 14 veces, aunque ese dato convive con la cifra oficial de 37 partidos de liga jugados.
¿Fue justa la crítica por la dependencia del balón parado?
Era una observación razonable, pero no una descalificación convincente del título. El Arsenal fue muy fuerte a balón parado, sí, pero también fue el equipo que más remates produjo en jugada ante rivales con nueve o más jugadores dentro del área. Firmó 112 de esos disparos y los convirtió en 12 goles. Eso demuestra que su plan paciente en ataque también funcionó ante defensas hundidas.
Escrito por Jack Mercer con investigación asistida por IA, contrastado con 2 medios. Cómo trabajamos →


